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15/06/2023Yacuma, hogar del prehistórico Hoatzin
En nuestro afán de encontrar las respuestas al origen de la vida, hemos pasado por grandes e importantes acontecimientos, el libro “El origen de las Especies” es uno de ellos. Saber que cada uno de los seres que habitamos esta tierra estamos conectados por prehistóricos antepasados nos hace darnos cuenta de lo ligados que estamos con el ecosistema, nos hace ubicarnos como una pieza más de un gran universo que ha formado la vida de millones de especies antes de nosotros, y saber que estamos ligados a cada cosa por algo tan pequeño e infinito como el ADN, nos vuelve a todos más cercanos.
Sin embargo, hay un ser que se opone a esa importante teoría que nos hermana a todos.
El hoatzin, el ave prehistórica, el eslabón perdido
Esta ave se contrapone a la gran teoría que ha guiado la vida de grandes e importantes científicos.
Es un ave como ninguna, es la única de su clasificación y su anatomía, su forma de nacer, crecer y alimentarse nos dejan cada vez con más ganas de descifrar su enigma.
Varios ejemplares de estas extrañas y prehistóricas aves habitan en Yacuma, y les encanta ser fotografiadas.
Es rumiante, al alimentarse de hojas de los árboles donde pasa su vida, necesita que las bacterias aligeren su peso para movilizarse, y su aparato digestivo se encarga de eso al poseer bacterias que descomponen sus alimentos.
Sin embargo, no es solo su forma de digerir lo que nos impresiona, al nacer, los pequeños polluelos de hoatzin poseen una extraña garra en las alas. La utilizan para sujetarse de las ramas donde nacen y se sueltan para caer a los ríos cuando se sienten amenazados, su madre va a despistar a los depredadores y ella vuelve a sujetarse de alguna rama cercana para ponerse a salvo.
Una garra ciertamente útil, es interesante saber que no se queda para siempre con ellos, alrededor de los 100 días de nacido el hoatzin, la garra se contrae de sus alas, como si nunca hubiese estado allí.
Conservan sus alas, pero no se elevan por los cielos, prefieren mantenerse posadas en las ramas de los árboles del bosque amazónico y solo vuelan por tramos cortos entre ellas para mantenerse cerca de sus nidos.
Alguno pensaría que no volar lejos no es un factor útil si se trata de alejar a los depredadores, pero el hoatzin tiene un arma mucho más efectiva, y es que apesta. Sí, huele muy mal debido a que las bacterias que descomponen sus alimentos llegan a oler a estiércol, por lo tanto, no resulta muy apetitoso para sus depredadores, nadie los quiere cerca en realidad, pero no te pongas triste, a ellos les gusta.
Nuestro hoatzin preferido es Kuma, lleva en Yacuma 2 años y le encanta ser fotografiado (de lejos, claro), si eres un amante de las aves y buscas una muy buena toma del prehistórico hoatzin, nosotros estaremos encantados de presentarlos.
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